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La capacidad agrícola de un país depende de su dotación de recursos (tierra, agua, zonas marítimas, bosques naturales, etc.) y de otros factores (capital físico y financiero, tecnología y conocimientos especializados, espíritu empresarial, mano de obra, etc.) La productividad de los medios de producción disponibles se ve limitada, entre otras cosas, por riesgos imputables al ser humano (tales como guerras, corrupción, alimentos insalubres, etc.) y catástrofes naturales, como fenómenos meteorológicos extremos y plagas y enfermedades. La comerciabilidad de los productos agropecuarios depende de que satisfagan las expectativas de los compradores, tanto en el mercado interno como en los mercados de exportación. Se aplican medidas sanitarias y fitosanitarias, bien voluntariamente por los productores bien en forma de prescripciones jurídicas, para prevenir riesgos para la vida y la salud de las personas y los animales, o para la preservación de los vegetales, resultantes de plagas y enfermedades, o para prevenir riesgos para la salud de las personas y los animales resultantes de aditivos, contaminantes o toxinas contenidos en los productos alimenticios, las bebidas o los piensos. Por consiguiente, las medidas sanitarias y fitosanitarias contribuyen tanto a la productividad agrícola como a la comerciabilidad de los productos agropecuarios. La aplicación de las medidas sanitarias o fitosanitarias obligatorias se rige por el Acuerdo MSF. La capacidad sanitaria y fitosanitaria de un país consta de muchos elementos diferentes que, en su conjunto, constituyen el marco normativo, institucional y técnico. Por el lado del sector público, la capacidad sanitaria y fitosanitaria incluye legislación, normas, mecanismos de aplicación, sistemas de inspección y certificación, sistemas de supervisión y vigilancia, estructuras de gestión, personal formado, laboratorios, sistemas de comunicación, etc. Por el lado del sector privado, existen capacidades complementarias de supervisión de la producción, control de la sanidad vegetal y animal, gestión de plagas, etc. En conjunto, esos sistemas no sólo deben permitir gestionar la inocuidad de los alimentos y la seguridad de la biotecnología, y hacerlo de manera compatible con las obligaciones dimanantes del Acuerdo MSF, sino que deben también facilitar la exportación de los productos animales y vegetales de conformidad con las prescripciones de los países importadores. Antecedentes El FANFC es una nueva asociación del Banco Mundial, la Oficina Internacional de Epizootias (OIE), la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Constituye una oportunidad excepcional para reforzar la coordinación de los donantes con respecto a la participación de los países en desarrollo en la elaboración de normas relativas a la inocuidad de los alimentos y la sanidad vegetal y animal. Está previsto que proporcione también pequeñas ayudas para la ejecución de proyectos innovadores de creación de capacidad en los países en desarrollo. El Servicio proporciona una plataforma que puede contribuir a un contexto global que favorezca el éxito de las negociaciones objeto de mandato en el Programa de Doha para el Desarrollo. La iniciativa representa un paso firme y positivo hacia una mayor participación del mundo en desarrollo en el sistema mundial de comercio: de una manera que puede aportar beneficios reales mediante las exportaciones. Las instituciones asociadas se han ofrecido a adoptar medidas al respecto y el éxito del Servicio es una parte importante de nuestros objetivos a largo plazo; animamos a otros grupos a que se unan a nosotros. El Servicio tiene tres objetivos principales: a) concesión de pequeñas donaciones para proyectos piloto de creación de capacidad en la esfera de las normas en los países en desarrollo; b) prestación de asistencia a los sectores público y privado en el cumplimiento de las normas internacionales, como las mencionadas en los Acuerdos de la OMC; y c) fortalecimiento de la coordinación interinstitucional y la colaboración de los donantes en la prestación de asistencia técnica en la esfera de las normas. El Servicio constituye una contribución concreta a la vinculación de la asistencia técnica con las oportunidades comerciales en la lucha contra la pobreza. Los países en desarrollo dicen que a menudo tienen dificultades para cumplir las prescripciones sanitarias y fitosanitarias con respecto a sus exportaciones de alimentos a los mercados de países más ricos. Los estudios del Banco Mundial y otras instituciones han demostrado que las normas constituyen un obstáculo transfronterizo de importancia fundamental para las oportunidades comerciales de los países en desarrollo en la esfera de la agricultura. El nuevo Servicio ayudará a esas naciones a fortalecer y aplicar mejor las medidas en materia de inocuidad de los alimentos y sanidad vegetal y animal: un resultado doblemente beneficioso para las naciones desarrolladas y en desarrollo. Ello contribuirá a allanar el camino de las exportaciones del mundo en desarrollo a los mercados mundiales y ayudará a impulsar el crecimiento y a reducir la pobreza en los países pobres. El Banco Mundial estableció el Servicio con una donación de 300.000 dólares EE.UU. para el ejercicio fiscal de 2003, y las solicitudes se cursarán en los ejercicios fiscales de 2004 y 2005. El Grupo de Investigación sobre Economía del Desarrollo coordina la labor del Banco relativa al Servicio, con ayuda del Departamento de Desarrollo Agropecuario y Rural. La OMC es el organismo ejecutivo del proyecto y está estableciendo una función de secretaría para los asociados. Contribuye al Servicio mediante el Fondo Fiduciario del Programa de Doha para el Desarrollo, y hay donantes bilaterales que han manifestado interés en apoyarlo. Los miembros del Grupo de los Ocho, reunidos en Kananaskis, Canadá, en junio de 2002, se comprometieron a respaldar nuevas iniciativas en materia de normas. Los asociados proyectan colaborar con los miembros de dicho Grupo en apoyo del Servicio. En una declaración conjunta distribuida en la Conferencia Ministerial de Doha, en noviembre de 2001, los jefes del Banco Mundial, la OMC, la OIE, la FAO y la OMS declararon que estaban comprometidos a trabajar juntos para ayudar a los países en desarrollo para que tuvieran una mayor participación en la elaboración y la utilización de normas internacionales en la esfera de las medidas sanitarias y fitosanitarias (MSF). Según estudios del Banco Mundial, las exportaciones de África de nueces, frutos secos, carne y otros productos agrícolas podrían aumentar a más de 1.000 millones de dólares de los EE.UU. al año si participara en la elaboración de normas internacionales y aplicara esas normas. Los estudios del Banco demuestran asimismo que si los gobiernos siguieran normas internacionales en lo que respecta a los residuos de plaguicidas en el banano -en vez de normas nacionales más restrictivas fijadas por muchos países desarrollados- las exportaciones africanas de bananos aumentarían en 410 millones de dólares al año. Lo mismo ocurre con la carne de vacuno. La adopción de normas internacionales basadas en principios científicos en lo que respecta a los niveles mínimos de residuos de fármacos veterinarios podría impulsar las exportaciones de carne de vacuno de Sudáfrica en 160 millones de dólares al año, por citar un ejemplo.
Sitio actualizado por última vez el 12-12-2005 |